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La Mandanga & Bacoa

"La absurdez humana es muy inspiradora"

Noemí Rebull es la “ilustradora poligonera” (como ella misma se define) detrás de La Mandanga. Seguramente hayas entrado en su perfil de Instagram, y sin darte cuenta, te has pasado más de 40 minutos riéndote sin parar. Es el efecto que causan sus ilustraciones, a nosotrxs también nos ha pasado. Sus chistes, aparentemente tontos, acompañados de sencillos dibujos y caricaturas de grandes personajes de ayer y hoy, es todo lo que necesitas para superar un lunes de mierda.

La sublime forma con la que combina el humor absurdo con juegos de palabras y guiños a la cultura pop, hípster y casposa a la vez, nos tenía encandilados desde hace tiempo. Por eso, cuando pensamos en hacer algo un poco más macarra para San Valentín, su nombre salió al instante.

Para San Valentín nos has preparado unas postales muy gamberras, incluso podríamos decir que un poquito haters, pero confiesa: ¿Cómo sería para ti una cita ideal de San Valentín?

No se trata tanto del plan, sino de la persona. He llorado de la risa sentada en un autobús de jubilados jugando a «¿quién te follarías del bus?» y me he aburrido infinitamente bailado en una discoteca.

Aseguras que tu nombre no tiene nada que ver con el Fary, pero es un gran representante de la cultura pop con la que juegas muy a menudo. ¿De dónde nace ese gusto por la cultura más castiza?

Nace de haber tenido una infancia en un barrio obrero, haber compartido colegio con muchos canis y pertenecer a una generación que ha crecido con Leticia Sabater.

Tu imaginario no conoce filtros, desde un albaricoque a Donald Trump, ¿qué más te inspira?

La absurdez humana es muy inspiradora. Sin ir más lejos, el otro día me quedé atrapada una hora y media en un tren porque un trampolín elástico voló hasta las vías y se quedó atrapado. 

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"Instagram es un arma de doble filo. Por una parte, me ha hecho más libre que nunca, rompiendo un poco con la dictadura de la oficina y permitiéndome trabajar de algo que he creado yo y que me gusta. Pero no puedes sucumbirte a la presión de los likes y los followers. Yo no trabajo pensando qué funcionará más en Instagram, sino qué conecta más conmigo. Y esa autenticidad, al final, es lo más importante."

 

Derrochas humor por los cuatro costados, no podemos evitar ver tus ilustraciones y soltar una carcajada culpable. ¿Cuál es el humor que te divierte a ti? ¿Quiénes dirías que son tus referentes?

He reído mucho con películas, viñetas, monólogos y memes, pero creo que nunca he llegado al orgasmo de la risa con algo «lejano». Los momentos más tronchantes de mi vida han sido interactuando con alguien. Creo que la espontaneidad del momento es pura magia.

A la hora de crear, tampoco tienes límites: haces cerámica, diseñas joyas, ropa y recientemente has lanzado tu segundo libro. ¿Qué es lo que más te mola de tu trabajo? ¿Algún nuevo proyecto en el horno?

Todo es consecuencia de ser un «culo inquieto» y de notar cierta precariedad en el sector creativo. Hay meses que me creo un jeque árabe millonario y otras, Barragán. Al final esto te empuja a tener muchos proyectos e inquietudes diferentes.

Confesamos que cada lunes nos haces replantearnos nuestra existencia con los Mandanga Mondays que publicas junto a Yorokobu. Cuéntanos cómo surgieron.

Un día, un poco aburrida, me dio por hacer preguntas random en stories para distraerme: ¿follar bien o cagar bien? Se lio un poco, los editores de Yorokobu lo vieron, y me propusieron darme el mejor trabajo de mi vida: pensar preguntas que haría borracha a mis amigos. De ahí nació también mi libro, que contiene algunas preguntas de Mandanga Mondays, pero mucho contenido inédito envenenado. 

Para acabar, si hoy fuera tu último día en la tierra ¿qué comerías?

Una fideuà delante del mar con las personas que más quiero. Regadito con varios vinos, de los mejores, hasta que nos anestesiaran.